Peón de Charlotenburgo, 31 años. Jura.
PRESIDENTE – Nárrenos lo que usted sepa sobre el hecho.
TESTIGO – Por la calle Harttenberg me dirigía a casa para almorzar.
PRESIDENTE - ¿En qué dirección caminaba?
TESTIGO – Hacia el jardín zoológico.
PRESIDENTE - ¿Por la derecha?
TESTIGO – Sí, en la esquina de la calle Fazanen me alcanzó el señor acusado.
PRESIDENTE - ¿Caminaban por la vereda?
TESTIGO – Sí, me alcanzó a tres o cuatro pasos de la víctima. De repente oí una detonación, creí que había reventado un neumático, pero ¿qué veo? Uno que se desploma delante de mí y otro que escapa.
PRESIDENTE - ¿Inmediatamente se dio a la fuga?
TESTIGO – Sí, inmediatamente. Yo lo corrí. El acusado tomó la calle Fazen por la izquierda, pero en aquella calle varias personas le cerraron el paso y no pudo huir y el señor que hace un rato atestiguó aquí, lo detuvo y desde allí lo condujimos a la comisaría cercana al jardín zoológico.
PRESIDENTE - ¿Está usted totalmente seguro de que el hombre que se le adelantó era el acusado?
TESTIGO – Sí.
PRESIDENTE - ¿Miró de frente al asesino o se le acercó por detrás?
TESTIGO – Directamente se adelantó por atrás sobre la víctima, sacó el arma y le disparó.
PRESIDENTE - ¿Pasó por su lado avanzando por la vereda?
TESTIGO – Sí, pegó una pequeña vuelta, miró arriba hacia una ventana, avanzó sobre la víctima y le hizo fuego.
PRESIDENTE – ¿Luego del hecho oyó usted alguna exclamación de boca del acusado?
TESTIGO – No.
PRESIDENTE - ¿La gente le dirigió la palabra? ¿Él trató de justificarse?
TESTIGO – “Este es un extranjero”, dijo, “yo también soy extranjero, nada se ha perdido”.
PRESIDENTE - ¿Dónde dijo esas palabras?
TESTIGO – En la comisaría.
PRESIDENTE - ¿No permaneció cerca del cadáver?
TESTIGO – No.
PRESIDENTE – Luego del disparo, ¿tiró el arma y se escapó?
TESTIGO – Sí.
PRESIDENTE - ¿Y usted lo persiguió?
TESTIGO – Sí.
PRESIDENTE - ¿Notó si junto a la víctima o un poco más adelante caminaba una señora?
TESTIGO – No, no había nadie.
PRESIDENTE – Entonces usted vio que aquel hombre transitaba tranquilamente por la calle.
TESTIGO – Sí, tranquilamente.
PRESIDENTE - ¿Y nadie lo acompañaba?
TESTIGO – No.
PRESIDENTE - ¿Vale decir que usted y el señor eran de los primeros o había otros también?
TESTIGO – Sí, éramos de los primeros.
PRESIDENTE - ¿Hay más preguntas que formular al testigo? (No hay).
(No se considera necesario interrogar a la siguiente testigo, la viuda de Taleat, pues se demostró la falsedad de lo dicho en el sentido de que era ella la mujer que, estando junto a Taleat Pashá en el momento de ser asesinado, se había desplomado desvanecida.)